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Recuerdo que cada mañana desde que comencé a trabajar, allá cuando tenía 18 años pensaba lo mismo: ¿cómo será este día?

Porque en el trabajo siempre te encuentras personas de todo tipo, las buenas, las malas y las feas, o lo que es lo mismo, aquellas que van a trabajar en equipo, a hacer equipo, que están motivadas y colaboran, luego están los tóxicos y por último los vampiros.

A lo largo de mi carrera siempre encontré de los 3 tipos, por mi posición normalmente veía pasar a mucha gente por mi mesa cada día, iba a reuniones donde todos ellos tenían que estar y caminaba por allí sintiéndolos a mi lado, compañeros y jefes y tengo la suerte de decir que el porcentaje de malos y feos fue mínimo, aunque no por ello fueron menos letales.

Lo que nunca pensé es qué de las cosas más importantes que tenía que aprender en la vida eran el amor al trabajo y a las personas con las que tenía que hacerlo, a comunicarme bien y a entender sin juzgar y es que si no sabemos comunicarnos, verbal y no verbalmente, ya nos podemos dar por muertos, no literalmente, pero sí a nivel laboral.

Hace poco tiempo hable con una persona que me contaba que después de 40 años en la compañía donde estaba la habían echado, que le habían hecho un despido improcedente, argumentando que ella no sabía comunicarse con sus compañeros y que su carácter hacía imposible que nadie quisiera trabajar con ella y que por ello preferían prescindir de sus servicios.

Cuando me lo contó estaba realmente enfadada, le parecía el colmo que nadie le hubiera dicho nada, le sorprendió que la echaran después de tantos años dedicada a la compañía y que, desde luego, con la edad que tenía veía muy difícil conseguir un nuevo trabajo.

No voy a hablarte hoy de cómo está la situación laboral, de la crisis, de a lo que se enfrenta la gente de cierta edad a la cual echan para contratar jóvenes más baratos, ya que seguramente tú lo sabes.

Hoy quiero decirte algo muy importante, el drama de esta persona en realidad lo causo ella misma, sí lo causo ella misma, yo no la llegue a conocer mucho, pero de oídas todo el mundo hablaba de lo mismo cuando se referían a ella, no empatizaba, no creaba conexión con nadie y tenía un pésimo estilo de comunicación con los demás. Mientras estuve allí los comentarios eran que era insoportable, pero ella no era consciente de ello o quizás nunca quiso serlo.

Y es que la comunicación, además de otros factores hacen la diferencia que en tu trabajo se te valore o no, que puedas tener mejores relaciones y a través de ellas la colaboración sea mutua y dada con generosidad o por el contrario que te huyan y tú sin saberlo, como si tuvieras la peste o como hacen en la mayoría de sitios, que te hablen y trabajen contigo, aún y cuando no les guste para nada.

Yo me preguntaba cómo sería mi día, en esa época aún creía que mi día lo definían los demás con sus acciones, contra mí, sin embargo, estaba equivocada, porque cada día me pertenecía a mí, era yo la que debería haber definido cómo quería que fuera mi día.

Esta persona pensaba que simplemente llegaba, hacia lo que le tocaba y se marchaba a su hora y ya con eso se había ganado el sueldo que le pagaban, sin comprender que el amor con el que haces tu trabajo, la buena comunicación mezclada con inteligencia emocional podían hacer que mantuviera su puesto.

Sinceramente mucho tardo la empresa en tomar acciones contra lo que estaba mal en ella, pero no es que los aplauda, no… Un departamento de recursos humanos no debe ser el enemigo, debe ser un facilitador de relaciones entre los trabajadores y la empresa, debe ser el puente, el apoyo de ambas partes y en este caso en particular, tuvieron 40 años… 40 años para decirle a esta persona que si quería mantener su puesto tendría que aprender a comunicarse de manera asertiva, tendría que jugar en equipo y no creerse el ombligo del mundo, ni mucho menos ser alguien que va a hacer un trabajo y punto.

Yo comprendo que eso es lo que todo el mundo hace: vas, aunque no te guste lo que hagas, te sientas, haces lo que tienes que hacer y te ganas el sueldo.

Recuerdo un día en el que alguien me dijo “es que a mí me pagan por trabajar, no por sonreír” y me pareció tan triste, porque no hay nada más bonito que dar una sonrisa y recibirla y entonces pensé que alguien debería decirle a esa gente que la sonrisa estaba incluida, no solo en su nómina, sino también en su corazón y eso pasa por valorar tu trabajo.

Y volviendo a ello, esta persona no sonreía, nunca la vi hacerlo, se veía amargada y así lo comunicaba, no solo verbalmente, sino con su expresión, con su cuerpo, con su mirada.

Los seres humanos tenemos que interrelacionarnos para poder coexistir en cualquier ambiente y qué poca importancia le damos a la comunicación y a la inteligencia emocional, nos pagan por un trabajo, sí, pero lo que nos diferencia de una maquina son nuestros sentimientos y nuestra interrelación con los demás en el desempeño de nuestra labor.

Ya sabes que no me vendo como una santa y no lo era, yo también tuve problemas, no sabía comunicarme y si alguien me hubiera dicho esto probablemente hubiera cambiado, como creo que hubiera cambiado esta persona, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver o –siendo un poco sarcástica- a quien no le cuentan que los demás sí están viendo.

Una de las razones por las que decidí convertirme en experta en el área de comunicación fue porque me di cuenta de que no sabemos hablar con los demás, no sabemos expresar nuestros pensamientos y sentimientos y desde luego muchas de las veces somos incapaces de entablar simples conversaciones de pasillo. La comunicación es un tema muy extenso, que requiere tener en cuenta miles de puntos, saber hablar a los demás, sean compañeros, jefes y lo más importante clientes, poder hablar en público, saber el momento, la persona y lugar idóneo para ciertas conversaciones.

El protocolo hay que usarlo en las empresas para comunicarte y manejar así diferentes situaciones, para hablar por teléfono, recibir peticiones y saber gestionarlas, como comunicar lo que otros te piden que comuniques y estas son algunas de las múltiples cosas que deberías saber para poder comunicarte en una empresa, ahora yo te pregunto ¿sabes hacer todo esto y lo sabe la gente de tu empresa?

Ya ha pasado un tiempo desde que hable con ella y me encantaría decirte que pude ayudarle, pero no fue así, porque no quería saber la verdad, prefirió seguir llorando y culpabilizando a la empresa, sin sentarse a meditar si en algo tendrían razón, es más fácil ser una víctima ¿no?

Cada día podemos levantarnos y preguntarnos cómo queremos que sea nuestro día, cada momento podemos decidir cómo afectaremos a la vida de los demás, si queremos lo que hacemos, si queremos a la empresa en la que estamos, -o como me paso a mí- si por lo menos le tenemos cariño a una persona, deberíamos ver nuestro trabajo con amor y honrar así a todas las personas que lo componen, no siendo tóxicos, ni vampiros, sino intentando cada día ser buenas personas para todos aquellos que nos rodean.

Y esto lo aprendí cuando, ya fuera del mundo típico laboral, fuera de la empresa, empecé a analizarme y darme cuenta que yo si había sido muy buena en unos trabajos, pero en otros había sido de las tóxicas y hasta de los vampiros que roban energía a otros con una actitud negativa, de victimismo, que créeme, que no conduce a nada bueno.

Hoy yo solo sé que:

“Jamás es muy tarde para cambiar”

Y eso es lo que me gustaría dejarte hoy para reflexionar, solo 1 cosa debes saber cuándo vas a trabajar, es que tú controlas tu actitud, da igual que lleves 39.9 años trabajando para la misma empresa, si mañana decides tener un día genial, tratas bien a las personas que están a tu alrededor, te comunicas bien con ellas y haces tu trabajo con excelencia, estoy convencida que ese será un día para recordar, no solo para ti, sino para los demás.

Te reto a que hagas la prueba y espero que esta te lleve a la misma conclusión:

“Si tú cambias, todo cambia”.

 Un abrazo,

Lina

Thanks for the Photo to Hermes Rivera on Unsplash