Comencé mi búsqueda de respuestas desde que era muy niña, teniendo claro que no podía sino analizar todo lo que me rodeaba, todo lo que me tocaba y cuantos conceptos, aprendizajes y experiencias pasaban por mi mente.

Nunca he sido una persona conformista y tragar conceptos sin masticarlos jamás ha sido mi ideal, desde luego y como podrás imaginar, una niña, listilla con 1.000 preguntas y que pone en entre dicho cada afirmación no es fácil de manejar, ni para profesores, ni para directores de colegios y muchísimo menos para una madre, en una sociedad en donde siempre se te enseña a aprender como un borrego, a seguir siempre el mismo camino sin cuestionar, sin enfrentarse a nadie, porque “así es la vida” y “porque yo lo mando y punto”. Este ha sido mi caso y es probable que el de la mayoría de gente. Sin embargo, esta búsqueda me ha llevado a ti, porque siempre, desde que tengo memoria quise ser el “Ángel que cumple los deseos” y yo deseo profundamente ayudarte a cumplir los tuyos.

Pero me adelanto a los acontecimientos… Continuo:

La búsqueda de la verdad me ha llevado por senderos muy arriesgados, donde me han tachado de no tener respeto por la autoridad y por ser demasiado inquisitiva y sincera, por tener mucho carácter, sobre todo siendo una mujer.

Mi vida no ha sido fácil, si yo te la contara al detalle estoy completamente segura de que tú apoyarías mi afirmación. Sí, ya sé que la vida de nadie es fácil, que todos tenemos problemas, traumas en cada etapa de la vida, en fin… Pero a mí me han pasado cosas, muchas cosas malas de verdad, he ido siempre –hasta ahora- por senderos que hicieron que inevitablemente me llenara de odio y rencor, pesadas piedras que tristemente decidí llevar en mi mochila hasta hace relativamente poco tiempo.

Te preguntarás ¿por qué te hablo de todo esto? pues bien, en mi vida -sin entrar en detalles- estas “pesadas piedras” aquellas vicisitudes, experiencias vitales estremecedoras, duras y dolorosas hicieron que me fuera cerrando, creando una coraza llena de ira y rencor y me convirtieron con el paso del tiempo en una persona tóxica. Ya sabes a qué me refiero, a esos odios, culpas, miedos y temores que vamos acumulando y que cargamos durante toda nuestra vida (en el peor de los casos). Aquellas piedras que no somos capaces de soltar. Reviviendo una y otra vez los problemas, dolores y los sufrimientos causados por otros y por supuesto, los que te habrás podido causar tu mismo.

Hablar del dolor no es fácil, a mí me costó años, ¿cómo podía ser que la mujer dura e inquebrantable, casi insensible que fui -a ojos de los demás- dejara entrever el dolor que llevaba años escondiendo? quizás sería más sencillo poder dejarlo todo atrás, olvidar, perdonar y seguir con mi vida. En realidad, es lo que te recomiendan todos los entendidos y no tan entendidos en la materia de la Psicología y qué fácil resulta la mayoría de veces dar consejos cuando tú no has vivido ni de lejos lo que han vivido los demás…

Debo confesarte que yo he cargado por muchos años, o prácticamente durante toda mi vida, con todo el dolor que me causaron, con la rabia por no poder defenderme, de no saber, de no haber hablado cuando debí, con la culpa por pensar que yo había podido provocar aquella situación, por no haber podido utilizar mi inteligencia para responder a quienes me maltrataban en ese mismo momento y poder dejarlos en su lugar.

La vida, que es muy sabia, te lleva por el camino correcto para que aprendas las lecciones que necesitas y ella me enseño, que si seguía por el camino de revivir los hechos acaecidos en mi pasado, sobre todo los malos, si seguía queriendo el mal para los que me hicieron daño, que si seguía, en última instancia, cargando tantas, tan pesadas y tan afiladas piedras llegaría un día en el que mi mochila estaría tan llena por el peso del sufrimiento que simplemente ya no podría seguir adelante ni un paso más, agotada de luchar contra todos los que me habían hecho daño, por mi pasado y hasta por mi presente, y encerrada en mi propia coraza para que nadie más pudiera hacerme daño, sobrecargaría mi sistema y así fue…

Fue tan grande el peso y la presión de mis piedras que tuve que irme de mi país y me las traje de viaje, 10.000 kilómetros de distancia y ellas vinieron conmigo tan cómodamente en clase turista, se quedaron conmigo por décadas y yo como cualquier otro ser humano, lo único que podía hacer -pensé, o mejor, no pensé- fue coger esa pesada mochila y esconderla, enterrarla bajo un árbol marcado, cabe un hueco, la tire dentro y le eche tierra; cada cierto tiempo y dado que la vida parecía no darme tregua yo seguía llevando más y más piedras, deje que pasaran los otoños para que las hojas caídas del árbol taparan el lugar e intenté -sin éxito- olvidarme de ellas… Sin embargo, tengo que decirte que mis piedras no eran biodegradables y siguieron allí, como el plástico de las bolsas de supermercado, útil por poco tiempo, pero totalmente tóxico, incómodo e imposible de reciclar y de perder de vista.

Hace un año y medio como si fueran unos Zombis las piedras convertidas en rocas contundentes decidieron salir por si mismas de debajo de la tierra -y como ellos- comerme el cerebro, el alma y el corazón… Ya para ese entonces el estrés, el insomnio y la falta de comida, unido a mi personalidad tipo A, mi entorno laboral y la responsabilidad de tener una hija a la que sacar adelante hicieron que mi cuerpo dijera basta, provocando una rotura de arteria del corazón (llamada Disección Coronaria Espontánea, DCE) seguida de 2 infartos y entonces comprendí que esta era una llamada a la acción, al cambio, que había sido tan fuerte que casi se me va la vida en ello.

Por eso hoy entiendo que quieras seguir cargando tus propias piedras, esas que llevas cuidando, alimentando, llevándolas de vacaciones y hasta de fiesta, viendo cómo crecen, y, sin embargo, por esta misma razón, me encantaría preguntarte si ¿no te encantaría deshacerte de las piedras de tu pasado y comenzar de nuevo? ¿te gustaría dejar de ver a ese ser querido que te hizo tanto daño, con rencor y resentimiento y verlo de una manera clara, limpia y que te permita dejar de rememorar una y otra vez sus faltas? ¿quieres poder perdonarte a ti mismo? Pues entonces estás en el lugar indicado porque yo te entiendo.

La disección o rotura de una arteria coronaria o del corazón, de manera espontánea, es algo que aún los médicos no pueden explicar y en mi caso menos aún, los 2 infartos dejaron como consecuencia que mi capacidad cardíaca se redujera al 60%, obligándome a permanecer en cama por 2 meses, una manera “sutil donde las haya” en que el universo, Dios, o como quieras llamarlo, me dio una gran llamada de atención para que parara y viera con calma toda mi vida, mi pasado, mi presente y mi futuro…

Mis sentimientos de esa época poco tienen que ver con mi actual forma de ver la vida… Al principio no era consciente de lo que me había pasado en realidad y repetía sin pensar la frase “estoy bien” mientras por dentro me preguntaba -supongo que como hemos hecho todos en algún momento de nuestra vida- ¿por qué a mí? y luego me desperté…

Casi me muero (nunca mejor dicho) no entendía qué era eso tan horrible que había hecho yo en mi vida para que Dios me castigara con otra cosa más y tan fuerte como esta, mi pasado me cayó como una pesada losa en todo el pecho (literalmente) mi presente me resultaba totalmente horrible e incierto y del cual no tenía ni el control, y sinceramente, veía que me podía morir en cualquier momento y por tanto de un solo plumazo desapareció también mi futuro.

Estaba sola, sí, sola porque mi familia estaba a 10.000 kilómetros de distancia. Así que como te podrás imaginar no es que estuviera hundida, es que yo era el hundimiento en vida, los problemas de mi presente incluían también un alentador diagnóstico de ansiedad reactiva por estrés, shock post traumático y una fobia muy marcada hacia una persona en particular por su maltrato hacia mí por largo tiempo, así que con este panorama lo lógico fue lo que sucedió…Entré en barrena. Con depresión severa, con una fobia enorme, llena de rabia y tristeza, porque sentía que no era importante… Estaba completamente sola.

Esos son mis recuerdos de esa época, gracias a Dios no hay mal que por bien no venga, ni cuerpo que lo sostenga y así poco a poco, con el cuidado y cariño de mis hijos y de mis amigas (aquellos que sí estuvieron a mi lado y a quienes agradezco con todo mi corazón mi renacimiento) comencé a levantar cabeza.

Entonces el tiempo paso por mí, inexorablemente, y cada día con el amor enviado y con mucha ayuda, comencé a mejorar física y mentalmente.

Ahora al recordarlo las lágrimas pugnan por salir, pero no creas que son de tristeza, no, sino de felicidad y te preguntarás ¿cómo es posible que a una persona a la que le han pasado tantas cosas, con un historial tan difícil y que al final casi se muere, pueda estar tan feliz?

La respuesta es que hoy tengo una nueva vida, una nueva y mejorada “Yo” ha resurgido. Es verdad que me ha costado esfuerzo superar todo lo que he vivido, y un tiempo que aún no puedo decir si ha sido corto o largo, pero sí muy valioso, lo que al final me ha permitido poder desintegrar mis pesadas piedras del pasado, aprender a vivir el presente, valorar en su justa medida todas las etapas y los problemas a los que he tenido que enfrentarme, agradeciendo por todo lo que he tenido y sobre todo lo que ahora tengo y por último, y no menos importante, a dejar que el futuro llegue cuándo y cómo tenga que llegar.

Y de no entender absolutamente nada de lo que me había pasado lo entendí todo…

A partir de este punto de inflexión en mi vida, te mostraré el camino hacia esa felicidad que ahora poseo como el regalo más preciado que el universo me ha dado. Sigue leyendo, cómo entender lo inentendible.