Recuerdo que cuando era niña uno de nuestros juegos favoritos con mi hermana era, deshojar margaritas diciendo: me quiere, no me quiere, me quiere… Hasta que se acababan los pétalos y con el último de ellos sabías si esa persona te quería o no.

Pasé horas enteras deshojando flores, rogando que esas margaritas siempre terminaran con un “me quiere”. Hoy me pregunto por qué nunca hacemos este juego confirmándonos a nosotros mismos que nos queremos.

Hoy vengo a confesarte que, en mi ignorancia, poco me quise.

Está claro que muchos en algún momento hemos sufrido alguna vez de falta de amor a nosotros mismos, yo lo sufrí por mucho tiempo y en silencio, hoy quiero compartir contigo mi camino hacia el “yo sí me quiero”.

  1. “Pasan las horas y yo estoy nerviosa, ya no sé qué más puedo hacer, he luchado con uñas y dientes por una relación y un trabajo durante años sin suerte, ambos estaban abocados al fracaso. Yo sé que es culpa mía, lo he dado todo y no doy la talla, ni como madre, ni como mujer, ni como persona, ni como trabajadora”.
  2. Yo me esfuerzo tanto, pero por más de que lo hago no consigo ser mejor en mi trabajo, ni llegar a donde yo debería llegar, cada día veo que no soy ni medianamente perfecta.

Medio año, dos infartos y mucho tiempo después…

Aprendí algo que me ha ayudado a ver mi historia de una manera distinta, una buena amiga me hizo ver que:yo no estoy aquí por mi culpa, sino que estoy aquí gracias a mí”. 

Que forma tan revolucionaria de ver las cosas, jamás lo pensé así, ahora comprendo que he hecho lo mejor que sabía en cada momento y al pensarlo, por primera vez en mi vida no me he juzgado; se enciende una luz en mi alma pues me doy cuenta de que mis decisiones, buenas y no tan buenas, han sido aciertos que me han traído hasta aquí y prueba de ello es que he sobrevivido. Quizás ha llegado la hora de darme una oportunidad…

Pasa el tiempo y poco a poco voy recuperando algo de mi autoestima, devastada por mí, por otros que sin querer o queriendo me han juzgado y etiquetado, pero yo hoy me veo tan diferente. Siguiendo el consejo de un libro de coaching he escrito en un cuaderno todas mis cualidades y hoy…

Estoy feliz, pues me veo mejor de lo que yo esperaba. Ahora la lista de fortalezas comienza con un….

 “Estoy empezando a quererme”…

Al principio de mi vida, cuando era niña, esperaba la aprobación de otros, rogaba por ella y lloraba cuando no la tenía, pensaba qué si los demás me aceptaban, me querrían y yo deseaba tanto que me quisieran.

Con el paso del tiempo comprendí que todos buscábamos exactamente lo mismo, no es reconocimiento en forma de sueldo, estatus, carrera… Se trata de amor.

Yo lo buscaba afuera, deseaba y soñaba con ser aceptada, por eso en cuanto pude me agarre al primer árbol que parecía extender una rama hacia mí, pensando erróneamente que me haría feliz, pero no fue así…

Pasado el tiempo solo me importaba ser perfecta, la mejor hija, hermana, esposa, madre, amiga, trabajadora, esperando que al serlo todos vieran lo buena que era y me quisieran por ello, pero daban igual todos mis esfuerzos, porque yo no me quería, así que seguía habiendo un hueco en mí que no podía y que no sabía cómo llenar.

Después de empezar a conocerme de nuevo, realmente vi lo que pensaba de mí, me di cuenta de que comenzaba a apreciarme, que había hecho muchas cosas buenas en mi vida, era una superviviente y lo era gracias a mí.

Me valoraba mejor de lo que pensaba y yo sin saberlo… y ahí fue cuando el hueco en mi pecho se empezó a hacer más pequeño y cambié mi forma de verme cada mañana, ahora me miraba a los ojos directamente, cosa que nunca pude hacer… Y un día, sin estar muy preparada, me dije en el espejo un “te quiero” que salió de mi boca torpe y abruptamente, era mi primera vez.

Las lágrimas empezaron a brotar, me había hecho tanta falta a mí misma y al escucharme y al repetirlo, cada vez que me lo decía me hacía más feliz, entonces ya no me hablaba mal, ya no podía, porque me quería, de verdad.

Por último, comencé a aceptarme, quien fui, quien soy y en quien quiero convertirme y ya no me atormentaba pensando en quién se supone que debería ser.

Aceptarme y quererme me permitió ver, por primera vez en mi vida, mi propia belleza envuelta en humanidad. Hoy me quiero, sigo siendo honesta conmigo y sé que cualquier cosa que no me guste de mi la puedo cambiar.

Ahora sé que siempre he sido buena, he tratado de hacer las cosas como mejor sabía en cada momento, ya no me juzgo, me entiendo y tengo la certeza de que con la única persona con la siempre he contado y seguiré contando pase lo que pase es conmigo misma.

Y quiero que sepas que doy gracias al universo todos los días por tener la gran suerte de estar rodeada de personas bellísimas que me quieren y me aprecian, estén cerca o lejos y tú amigo mío, que lees estas líneas, por supuesto estás en mi lista.

No tengo que jugar al me quiero, no me quiero, para saber si me quiero, porque sí, me quiero, y mucho y gran parte de mi autoestima ya no depende de la aprobación de nadie, ya no me importan como antes las etiquetas de los demás, solo las mías y estas me gustan.

Durante mucho tiempo me esforcé continuamente, quería que los demás vieran en mí esa imagen perfecta que te venden en la tele, en las revistas y en la vida real los demás qué -quizás- tampoco se valoran, pero que le tienen pánico a que el mundo se entere ello porque les haría vulnerables.

Busque y busque el amor de otros y lo encontré, pero seguía sintiendo que me faltaba algo más, hasta que comprendí que no es la necesidad del amor de otras personas lo que nos hace levantarnos cada mañana con un hueco en el pecho, es la necesidad de nuestro propio amor, ese que debería ser el primer, el más genuino y duradero amor de nuestra vida.

Porque fuimos hechos con amor, somos amor, el amor es el que nos mueve cada día y el amor en sí mismo es la fuente de nuestra felicidad. Porque si te quieres, dar amor a los demás es tan fácil, no hay miedo, ni vulnerabilidad, hay abundancia, hay paz y hay plenitud.

Si te quieres, te conviertes en una fuente interminable de amor, en una fuerza imparable y sobre todo adorable, porque no hay nada más bonito que ver a una persona que se quiere de verdad, sin falsos orgullos, solo siendo ella misma, sin más.

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